El camión avanzaba recto por la calle sin despertar ningún tipo de sospechas, a pesar de que dentro de él viajaba Amanda Waller sentada al lado del conductor, y detrás de ellos, la Princesa Amazona conocida en este mundo del hombre como Wonder Woman, quien se balanceaba de un lado al otro dirigida por el movimiento de la pesada unidad.
"¿Todavía duerme?" Preguntó el conductor. Amanda formó una sonrisa pedante y miró por encima de su hombro.
"A pesar de la incomodidad de descansar maniatada y sobre el piso de un camión, sí, aún duerme."
Pero la calma fue irrumpida de modo abrupto. Se oyeron balazos lejanos que se hicieron cercanos, tanto que uno impactó en el espejo retrovisor del enorme vehículo y lo hizo trizas. Amanda vio un auto de frente que bloqueó su paso con personas armadas.
"¿Sigo?" El conductor pensó lo que todos. Arrancar el camión y partir el auto en dos.
"¡No dudes tanto!" Una enérgica Waller ordenó avanzar y arrollar la amenaza, pero en ese momento una bala perforó el pecho del hombre que conducía. Se desplomó contra el volante y ella usó su cuerpo como escudo humano hasta que pudo sacar su pistola. Dos tiros bastaron para eliminar a uno de ellos, pero eran cuatro. A los disparos, salió del camión y comenzó a retroceder mientras maldecía su suerte. ¡Estaba dejando a Wonder Woman!
"¡Déjenla!" Dijo un hombre calvo. "Vinimos en busca de una mujer, y no es Amanda Waller."
"Jefe, está muerto." Balbuceó uno de ellos, viendo a la víctima de Amanda en el suelo y lleno de sangre.
"Lo sé, lo siento, pero la prioridad...es ella." El pelado cargó a Wonder Woman entre sus brazos y la observó con cierta fascinación. Se perdió en sus rasgos perfectos, su nariz recta, la boca ligeramente prominente y su pelo negro cayendo hasta el piso. "El doctor nos espera en el laboratorio, será mejor que nos vayamos cuanto antes. Arranquen el auto."
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"Los pisos del laboratorio quedan impecables gracias a usted." Le decían al verlo pasar. "Tiene talento para fregar." Eduardo era un tipo simple y llano, mas advertía la sorna de esos comentarios en aquel laboratorio. Al ritmo de sus silbidos mantenía el amplio lugar con una pulcritud asombrosa. Pero ese día en especial notó mucho movimiento en su lugar de trabajo.
"¿Qué pedo?" Pensó, al ver un grupo correr rápidamente con un bulto tapado y llevarlo a la sala del doctor. Intentó asomarse, pero había demasiada gente observando, y sabía que se metería en problemas si en una instalación secreta se le ocurría investigar más de la cuenta. "Mejor sigo con lo mío." Reflexionó.
"Doctor Cane, su estrategia ha sido majestuosa." Dijo el hombre calvo siguiendo a un hombre mayor de blanco guardapolvo, casi tan blanco como su cabello. "No tuvimos que malgastar energías, porque la Mujer Maravilla ya estaba fuera de combate."
El hombre volteó dramáticamente hacia él, clavándole una mirada tan penetrante que lo obligó a bajar la cabeza. "Por si se ha olvidado, le recuerdo que ha muerto un compañero suyo."
"Sí, tiene razón." El hombre de calva murmuró mientras ingresaba a la sala del doctor. "Viejo estúpido."
Allí se encontraron con la diosa de Themyscira, acostada en una camilla y a punto de abrir sus ojos.
"Está reaccionando..." Dijo preocupado el ayudante del doctor Cane. Y apelando a una completa insensatez se acercó hacia ella alardeando. "Pero miren quién ha despert..."
No terminó la frase, porque ni bien esos ojos negros y expresivos se abrieron, Diana lanzó un rugido y le conectó una patada en la cara. El tipo alto salió volando y chocó contra aparatos y elementos médicos. La mandíbula había tronado y le quedó la horrible sensación de la bota de Wonder Woman, dura y consistente, chocando contra su quijada. Volvió a gritar mirando al doctor que la observaba gélido y trató de cruzar sus brazaletes. Ahí notó que sus muñecas estaban amarradas por unas gruesas esposas metálicas con un dispositivo cuya luz titilaba. "Esto puedo romperlo..." pensó, pero esa extraña atadura le demostraría lo contrario impulsándola hacia arriba y dejándola suspendida en el aire. "¡No puede ser!"
El doctor Cane, desde abajo, aclaró su garganta. "Señorita, conocemos sobre su fuerza sobrehumana, y no existe poder en el mundo o en otros que pueda domar a ese dispositivo, pues trabaja con campos magnéticos creados a través de este control". Sacudió el control que llevaba en su mano para mostrar su punto.
Diana estaba pataleando en el aire a metros de altura, incapacitada para despegar sus muñecas. Volvió a aullar y sus brazos se trabaron exponiendo sus trabajados músculos. "Grr..."

"No lo intentes. Ni siquiera una diosa puede interponerse a la ciencia. Si te tranquilizas, puedo bajarte de ahí y podremos conversar un poco. De lo contrario vamos a dejarte colgando allí por días, como si fueses un bonito adorno rojo y azul." Le dijo el doctor con su delicado acento.
Wonder Woman sabía de su inmenso poder, pero su sabiduría también le permitía descubrir en qué situaciones su poder era inútil. Resignada, miró con sus negros ojos al hombre de lentes y cabello blanco. "Está bien...bájeme."
El doctor chasqueó los labios. "¿Qué se dice?" Diana lo miró sin comprender. "¿No se te olvida pedir por favor?"
Esa sutil pregunta sirvió para remarcar quién controlaba la situación, hiriendo el orgullo de la poderosa Diana de Themyscira. Lo miró humildemente y le pidió en tono dócil. "Por favor, bájeme."

"Así me gusta. La educación ante todo." Lentamente fue descendiendo hasta volver a caer en la camilla.
"¿Qué quieren conmigo?" Preguntó, con la respiración agitada.
"Antes, preferiría que nos presentemos como es debido. Educación, insisto con ello. Mi nombre es Dr. Cane, científico que trabaja secretamente para el gobierno en este laboratorio, destinado a producir nuevas maneras de proteger la seguridad nacional en esta situación tan compleja que nos está tocando vivir." Los ojos del científico se posaron en ella y se le sumó el calvo que poco a poco se recuperaba de aquella patada. "Es tu turno, presentate ante nosotros."
Rodeada por un rostro a cada lado de su cuerpo, pronunció una oración. "Soy Diana de Themyscira, hija de Hipólita, reina de las Amazonas, y de Zeus, rey de los dioses. Y prometo que voy a encargarme de ustedes, sean quienes sean."
El Doctor Cane rió junto con su ayudante. "Entiendo que la amenaza de una diosa puede resultar intimidante, pero esta se vuelve fútil cuando esa misma diosa se encuentra en una situación bastante difícil. Como dije, trabajo para el gobierno, y a este le propuse la creación de un arma para defendernos de las amenazas externas. Ponle el nombre que quieras a esos enemigos, estamos rodeados."
Wonder Woman alzó la cabeza y se irguió hasta donde los amarres se lo permitían. "La fabricación de un arma poderosa sólo servirá para acelerar una potencial guerra nuclear. ¡No tiene derecho a eso!"
"De hecho sí, con firmas de los agente secretos más importantes de esta nación, íntimamente ligados al Poder Ejecutivo. Será un prototipo y lo probaremos en una población donde no existan demasiadas víctimas fatales. Tranquila, no la arrojaremos en pleno Manhattan, ni siquiera en nuestro propio país, probaremos ese arma en alguna isla y veremos su efectividad y alcance. El lugar elegido es Cozumel."
Diana abrió los ojos horrorizada y cargada de indignación. "¡Hay más de cien mil habitantes en esa isla!"
El doctor se mostró impávido. "Y espero que se reduzca a la mitad luego de activarla. Sólo así podremos tomar esto como un éxito. El siguiente paso será culpar del ataque a alguna otra nación."
"No, ¡no! ¡No puedo permitirlo!" Diana volvió a sacudirse, pero su cuerpo estaba pegado a la camilla.
"Siento llenarte de malas noticias, pero, de hecho, tú vas a ayudarme a crear el arma. Voy a usar tus habilidades para originarlo."
El grito de la Princesa y heroína fue desgarrador. Ignorando la extrema preocupación de la diosa griega, el doctor Cane continuó mecánicamente con su tarea y avanzó al siguiente paso.
"Ayúdame a quitarle la ropa. La máquina necesita escanear su cuerpo en su totalidad para que moldee las características del sujeto y sus habilidades a copiar, para luego ensamblarlas." Cuando el hombre calvo comenzó a sacarle la bota roja izquierda, Diana amagó con un ataque, pero reculó al saber que su actitud no modificaría las cosas a su favor, y terminaría amarrada en el techo como ocurrió anteriormente. "Una nueva y brutal guerra ensombrecerá al mundo si no detengo a este maniático." Pensó correctamente la Amazona.
Esta historia continuará.








